Van como Atila aquel rey de los Hunos,
dejando nada a su paso,
escondiendo sus faltas con esa cortina negra de humo.
Siguen su marcha entre la prisa y la calma de las esquinas,
entre el tiempo encima de los que van encima
el evangélico anunciando la venida del salvador
señalándonos a nosotros,
los del mundo secular,
que estamos condenados,
que condenado muchacho mas ameno,
el señor con su receta,
el vendedor de galletas,
el tarjetero, el aguatero,
el obrero,
la estudiante,
la contadora,
el profesor,
el carterista,
el señor que le agarro la madrugada en medio de su botella de ron.
Ahí vamos todos, ungidos de todos los olores de la mañana,
la fundita grasosa de fritura, el tufo a ron,
el del guachimán amanecio,
la colonia de la estudiante, el vomito del bebe.
La bachata que suena a todo volumen,
alguien grita: ponte el gobierno de la mañana,
otro le grita que no quiere escuchar basura tan temprano,
parada pide otro, pero sin bola.
No arranque chofer que es una doña.
Nunca faltan las discusiones sobre
política,
religión,
física cuántica,
el fin del mundo
de farandula
y amor.
Las calles se hacen cada día mas hostiles,
mucho mas cuando montamos esas bestias
de hierro y ojalata y humeantes y abolladas.
Vamos volando entre semáforos en rojo
y policías verde claro en las esquinas domando fieras.
En el puente por donde pueda chofer.